
San Miguel Arcangel
Esta escultura forma parte del Museo Vial Religioso del estado Yaracuy, fue realizada por el Artistas Felipe Guevara y la colaboración de Milagros Lugo.
Se encuentra ubicada en la entrada de la población de Aroa, en el paseo San Miguel, sector El Tamarindo.
Mide de 6 mts. de altura y fue develada el 12 de Julio de 2003

Aroa
Es una palabra vasca, que en el contexto de la agricultura, significa: “el momento óptimo, ideal, para trabajar la tierra”
NUESTRA AROA
Capital del municipio Bolívar en el estado Yaracuy. Población originada por la explotación de las minas de cobre y las haciendas de cacao.
Se halla a 350 m de altitud dominando el cauce del río Tupe, afluente del río Aroa; y en la vertiente occidental de la sierra de Aroa.
La temperatura media es de 25,4 °C y las precipitaciones medias anuales de 1.350 mm.
En 1.605, Alonso Sánchez de Oviedo, alcalde ordinario de Barquisimeto, descubrió una rica veta cuprífera en la sierra de Aroa.
En 1.615 fundaba allí un real o asiento minero que para 1.630 era ya un caserío.
El cobre se sacaba por el río Aroa hacia la costa.
El 24 de noviembre de 1.637, Bartolomé López de Mesa fue nombrado justicia mayor de las minas, con título de capitán a guerra.
La actividad minera estimuló el poblamiento del valle y para el 8 de junio de 1.655, el gobernador Martín de Robles Villafañe nombró a fray Antonio de Luzena cura capellán de la mina de Su Majestad en el valle de San Francisco de Cocorote, por estar en jurisdicción de esta ciudad.
Por esta época las minas pasaron a ser propiedad de los antepasados del Libertador Simón Bolívar, quienes dejaron caer en desuso las tierras y la explotación minera se convirtió en una actividad irregular que ocupaba a gente de todo tipo, ajenas a la propiedad.
En 1.715 el valle de Aroa estaba despoblado; se cultivaba cacao y para 1.720 había 3 haciendas grandes y otras menores de naturales, con 10.000 árboles que producían 150 fanegas, transportadas por el río Aroa desde el sitio de Los Puertos, o El Puerto, llamado así desde que en el siglo anterior el cobre era embarcado en canoas hacia la costa.
El 14 de octubre de 1.746, el padre Juan Bernabé Canelón Lanzarote, cura de Duaca solicitó permiso para construir una capilla a petición de las familias que allí residían, a lo cual accedió el obispo Juan García Abadiano y el valle fue anexado a aquélla el 20 de diciembre de ese año.
En 1.761 Aroa era ya un caserío disperso que servía de enlace en la ruta del primer correo, creado entre Maracaibo y Caracas por el gobernador de aquella provincia, Francisco Javier Moreno de Mendoza; era atendido por el cura de Duaca.
En 1.765 estaba encargado del valle el cabo a guerra Matías de Tellechea, quien organizó 2 compañías de milicias, una de blancos y otra de pardos; este cargo era nombrado por el Tribunal Superior y se encargaba del orden militar y de los decomisos del contrabando, tenía total independencia de los alcaldes ordinarios y del justicia mayor de Barquisimeto, quienes se encargaban del gobierno político del valle.
En informe de este funcionario de 1.769, se dice que Aroa era un sitio de casas dispersas, sin forma de poblado y sin iglesia, con 669 habitantes, ocupados en la siembra de cacao.
El auge del contrabando por el río Aroa y otros, motivó la suspensión de las licencias de navegación fluvial a partir de 1.776, cuando fue creada la Intendencia; ese año, los vecinos dirigieron nueva petición al obispo Mariano Martí, quien concedió el oratorio el 31 de agosto, éste se hizo en el sitio de Agua Viva y se conocería como La Ermita.
En 1.779 tenía 750 habitantes aproximadamente, no había indios, excepto algunos de Duaca que tenían siembras de cacao, el cura de esta población era quien atendía al “pueblo de Aroa”.
Ese año el teniente del valle, Rafael Lugo, solicitó del obispo que el oratorio fuese elevado a la categoría de curato, lo cual fue concedido el 9 de febrero de 1.782, aprobado en auto del gobernador el 31 de mayo, se erigió definitivamente el 4 de junio siguiente como parroquia de San Miguel de Aroa.
El terreno para la iglesia fue cedido por Félix Torrealba, en lugar más apropiado que donde estuvo La Ermita.
Después de muchos litigios, la Corona confirmó los títulos de propiedad de las tierras de Aroa a Juan Vicente Bolívar y Ponte y a su esposa, padres del Libertador; los juicios con los ocupantes de las tierras y la Guerra de Independencia llevaron a María Antonia Bolívar, hermana de Simón Bolívar, a arrendar minas y tierras a una compañía inglesa, iniciándose así a partir de 1.824 una nueva etapa en Aroa.
La población aumentó con los empleados y trabajadores, ingleses y criollos que acudieron a la explotación minera y el sitio original se hizo insuficiente, por lo que poco a poco los habitantes se fueron desplazando al sitio de La Luz.
En 1.835 la diputación provincial de Barquisimeto legalizó el traslado de Aroa al nuevo lugar.
Ese año, durante la Revolución de las Reformas, Pedro Carujo, que ocupaba Puerto Cabello, atacó Aroa y otros lugares cercanos.
En 1.842 el naturalista belga Jean-Jules Linden recorrió la sierra en busca de especimenes botánicos.
El auge de la explotación minera hizo que en 1.872 se iniciaran los trabajos para la construcción del tramo ferrocarrilero Las Minas-Tucacas, concluido en 1.877, y llamado Gran Ferrocarril Bolívar, el primero en el país.
Locomotora Ferrocarril Bolívar

Ese año se abrió también la carretera que comunicó Aroa con Barquisimeto y la de Duaca-La Luz.
En 1.881 se concluyó la vía férrea Barquisimeto-La Luz, empalmando con la de Las Minas-Tucacas.

A principios del siglo XX se abrió la carretera a Guama.
Aroa desarrolló un contacto regular con Gran Bretaña, especialmente con Swansea, estableciéndose un sistema de intercambio de productos variados que venían en los barcos que cargaban cobre para ese país.
En 1909, de acuerdo al Acta de Instalación del Concejo Municipal del Distrito Bolívar, de fecha catorce de noviembre de mil novecientos nueve (14-11-1909) siendo las diez de la mañana (10:00am) se constituye la primera Junta Directiva del Concejo Municipal del Distrito Bolívar, de acuerdo a lo dispuesto en el Artículo 4° del Decreto Ejecutivo de fecha 11 de noviembre de mil novecientos nueve, por medio del cual se acredito con el rango de Concejales a los ciudadanos Roberto Vander Linde, Eliseo Girón, Erasmo E. Arias, Pablo L. Rumbo, Elogio Betancurt, Amador Pérez A. y Antonio Hernández, para que constituyeran la Junta Directiva del Primer Concejo Municipal del Distrito Bolívar. La cual quedo integrada, de acuerdo a votación de los concejales, Presidente Roberto Vander Linde, Vicepresidente Eliseo Girón, Segundo Vicepresidente Erasmo E. Arias, Sindico Procurador Municipal Pablo L. Rumbo, Secretario Rafael Hernández González
La producción del mineral decayó a partir de los primeros años del siglo XX y para 1.936 se habían paralizado las actividades.
Entre 1.940 y 1.950 el auge de la avicultura, agricultura, maíz, café, y especialmente la caña de azúcar, además de la cría de ganado vacuno y porcino, dieron nuevo empuje a Aroa.
Hoy es centro de mercado importante para dichos productos y cuenta con 2 institutos de educación agropecuaria, la escuela técnica Minas de Aroa.
Tiene escuelas de primera enseñanza, ciclo básico y diversificado.
La zona de las minas constituye el parque nacional Minas de Aroa, cuyas instalaciones están restauradas, con alojamientos para turistas.
Otro sitio de interés es el cementerio de los ingleses.
Se celebra la fiesta de la Virgen de Montesacro en agosto y bailes de tambor el 24 de junio. Se comunica por carretera con San Felipe (84 km) y con Barquisimeto (90 km).
Censos:
En 1.941 censó 2.117 habitantes.
En 1.961 censó 6.356 habitantes.
En 1.971 descendió a 5.427 habitantes.
En 1.981 censó 22.318 habitantes.
En n 1.990, 8.266 habitantes.
Censo año 2001
Población 25.926 Habitantes
Taza anual de crecimiento 2.3%
Total de viviendas 7.893

Minas de cobre, situadas en la sierra de Aroa y cerca del río del mismo nombre.

Fueron descubiertas en 1.605 por Alonso Sánchez de Oviedo.
Empezaron a ser labradas por orden y permiso del Rey, en 1.632, cuando Francisco Núñez de Meleán desempeñaba la gobernación de Venezuela, pero sus antecesores García Girón y Francisco de la Hoz Berrío fueron los verdaderos pioneros y promotores de la explotación del cobre en ellas.
En la época colonial se designaban minas de Cocorote, a pesar de estar situadas en Aroa.
La explotación conoció un gran auge entre 1.630 y 1.660, período durante el cual se extrajeron más de 135.500 libras del mismo.
Por real cédula del 21 de agosto de 1.663, el Rey de España concedió “…en empeño y perpetuidad…”, las minas de cobre de Cocorote-Aroa a Francisco Marín de Narváez cuya hija Josefa sería la bisabuela del Libertador Simón Bolívar.
Francisco Marín de Narváez, era rico, poseedor de las fabulosas minas de cobre de Aroa.
A su muerte en Madrid en 1673, dejó un testamento que conmocionó a la familia Narváez, ya que en ese documento confesaba sus amores secretos con una “Doncella Indígena de Aroa”, de cuya unión nació Josefa Marín Narváez. Así dejó escrito en el testamento:
“Tengo una hija natural y por tal la reconozco nombrada Josefa, la cual hube en una doncella principal, cuyo nombre no mencionaré por decencia”
Esta es la razón, por la cual, de los cuatro hermanos Bolívar, Simón Bolívar el Libertador, y su hermana María Antonia, heredaron las facciones mestizas de su bisabuela: pelo negro oscuro encrespado, piel canela, ojos negro azabache, y pequeña estatura; mientras que sus otros dos hermanos: Juana Nepomucena y Juan Vicente, mantuvieron el tipo vasco español, con pelo rubio, liso, ojos azules y mayor estatura. Rasgo que lo hace aún más representativo del gentilicio venezolano, no sólo por haber nacido en el país, sino por la sangre indígena que llevaba en sus venas el Libertador Simón Bolívar.
Petronila de Ponte y Marín, heredará de su madre (la doncella indígena), las famosas minas de cobre de Aroa.
Poco interesado en su explotación, Marín de Narváez, despojó las minas de Aroa de todos los bienes muebles que ahí se encontraban.
Virtualmente abandonadas por su dueño, las tierras de Aroa fueron progresivamente ocupadas ilegalmente.
A finales del siglo XVIII, tanto Juan Vicente Bolívar y Ponte como su esposa, Concepción Palacios, tuvieron que acudir ante el Rey y los tribunales para defender la propiedad de las minas amenazada por usurpadores que las beneficiaban sin su permiso.
A la muerte de Juan Vicente Bolívar y Ponte, el señorío de Aroa y las minas de Cocorote pasaron a ser, por herencia, propiedad del hijo mayor Juan Vicente Bolívar y Palacios.
Muerto éste en 1.811, las heredó su hermano Simón, pero los avatares de la Guerra de Independencia no le permitieron ocuparse de ellas hasta 1.823 cuando encarga a su sobrino, Anacleto Clemente, que averiguara el estado en que se encontraban.
En 1.824, el Libertador, por intermedio de su hermana, María Antonia, arrienda las minas a una compañía inglesa, la Bolívar Mining Association que las explota con éxito.
A partir de 1.826, el Libertador, quien a menudo piensa retirarse de la política, encarga a José Fernández Madrid y a Andrés Bello, ambos en Londres, la misión de vender las minas. Pero toda clase de complicaciones les impiden cumplir el encargo.
Varios de los ocupantes de tierras y minas de Aroa no sólo se niegan a desocuparlas sino que le ponen pleito al Libertador.
Bolívar sufrió durante los 3 últimos años de su vida “una mortal agonía”, pendiente de la venta de las minas que no pudo realizarse.
La cláusula 4ª de su testamento rezaba: “No poseo otros bienes que las tierras y minas de Aroa”.
Gracias a las rentas producidas por el arrendamiento de las minas, pudo el Libertador ayudar al abate de Pradt, al educador Joseph Lancaster, así como a varios parientes y amigos.
Esas minas fueron el símbolo de su desprendimiento y grandeza pero también de sus angustias y desconsuelos hasta los últimos días de su vida.
El 4 de febrero de 1.832, se firmó en Caracas el contrato de venta por la suma de 38.000 libras esterlinas entre los herederos del Libertador y los representantes de los señores Philipps y Robert Dent de Londres.
Al consolidarse la presencia inglesa en ellas, las minas de Aroa volvieron a conocer un período de prosperidad, convirtiéndose Aroa en el principal centro minero del país.
Entre 1.828 y 1.833, el número de casas en la localidad pasó de 157 a 670 y el número de habitantes de 812 a 4.460; en 1832 más de 200 ingleses trabajaban en Aroa; entre 1.824 y 1.836, se extrajeron aproximadamente 200.000 toneladas de mineral bruto.
El cobre se exportaba por Boca de Aroa y Tucacas, hacia Europa, específicamente al puerto de Swansea en el país de Gales (Inglaterra).
A finales de 1.832, un ingeniero inglés, John Hawkshaw, viajó a Aroa con el fin de llevar a cabo una serie de estudios sobre las minas, siendo el primero en pensar en el establecimiento de un ferrocarril para el transporte del mineral entre Aroa y Tucacas.
En agosto de 1.836, una partida de negros cimarrones asaltó las instalaciones de las minas, matando a los ingleses que ahí se encontraban.
Este trágico suceso, al cual se sumaban las muertes causadas por la insalubridad del clima y la malaria, llevó a la Bolívar Mining Association a suspender toda actividad en la zona.
Otra compañía inglesa, la Quebrada Land and Mining Company, reanudó los trabajos en 1.860.
En 1.877 quedó concluida la línea férrea Aroa-Tucacas, construida y operada por la Bolívar Railway Company Limited, subsidaria de la Quebrada; este fue el primer ferrocarril que tuvo Venezuela.
Entre 1.878 y 1.892, se explotaron más de 75.000 toneladas de cobre, siendo Aroa y su ferrocarril una inversión de alta rentabilidad.
Para 1.890, Venezuela era el 6º productor mundial de cobre; pero, a partir de 1.892, el agotamiento de las vetas cupríferas marcó el final de la era de prosperidad.
En 1.896, una nueva compañía inglesa, la Aroa Mines Limited, se encargaba de la explotación de las minas, pero sólo pudo iniciar nuevamente sus trabajos en 1.908 con resultados poco alentadores.
Casi inmediatamente, le traspasó su concesión a la South American Copper Limited, otra compañía inglesa, la cual reinició la explotación de las minas hasta 1.936, cuando prácticamente se paralizaron todos los trabajos.
En 1.955, la South American Copper le cedía su propiedad sobre las minas a la compañía venezolana La Providencia por Bs. 150.000, la cual, a su vez, la revendió al Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP), en 1.956, por Bs. 2.600.000.

Denominado “Cementerio de los ingleses” porque allí solo podían ser enterrados los ingleses que residían en Aroa durante la explotación de las minas.
Comprobada definitivamente la poca rentabilidad de las minas, el IVP resuelve, en 1.972 traspasarlas a la Gobernación del Estado Yaracuy.
Desde 1.974, las minas de Aroa han sido convertidas en parque nacional y museo.
Hoy en día, son conocidas popularmente como las minas del Libertador (Minas de Aroa).